Donald Norman, forma, función, diseño, navegadores y sistemas operativos
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Estoy terminando de leerme el libro de Donald Normam “El diseño emocional: Por qué nos gustan (o no) los objetos cotidianos” cuando en el capítulo 6, sobre máquinas emocionales en el que habla de cómo deberían ser los robots del futuro (p.200) me he encontrado un párrafo que me ha llamado la atención y me ha hecho reflexionar sobre algunos aspectos del diseño de aplicaciones de software y de interfaces:
“¿Qué aspecto debería tener un robot? Los robots que aparecen en el cine a menudo se asemejan a las personas, tienen dos piernas, dos brazos y una cabeza. Pero ¿por qué? La forma debería derivar de la función…
La forma humanoide ha ido evolucionando a lo largo de millones de años de interacción con el mundo para enfrentarse de un modo más eficiente y a la vez más eficaz con ese entorno…”
A propósito de la cita me he quedado pensativo acerca de la eterna discusión en el diseño sobre si la forma deriva de la función o por el contrario, de la función deriva la forma…
…lo que a su vez me ha llevado a pensar si en un entorno o mundo virtual como es el de la informática, el de las aplicaciones software y el diseño de interfaces tiene sentido pensar que de la forma deriva la función.
¿Tiene sentido?
En un entorno físico y en cuanto a objetos físicos se refiere pienso que ambas afirmaciones son ciertas, la forma de un cuchillo es diseñada y escogida de acuerdo a la función que tiene que cumplir, y si no, el cuchillo no es funcional y podría resultar peligroso,
la forma deriva de la función…
Por otra parte…
vamos por el campo y nos encontramos con una piedra de cuarzo blanco semitransparente del tamaño de la mano. ¿Qué funciones podemos otorgar a la piedra? Nos provoca una respuesta emocional visceral y de acuerdo a su aspecto externo decidimos llevarla con nosotros a nuestra casa para utilizarla como pisapapeles en nuestro escritorio. La función que cumple entonces es variada:
- estética: le otorga un toque de distinción personalizándolo, haciéndolo nuestro, permitiendo configurar nuestro propio espacio de acuerdo a nuestro gusto diferenciándolo de los escritorios de otras personas,
- emocional: por los valores emocionales que la otorgamos al decidir incorporarla a dicho espacio personal de trabajo que realza a su vez, el valor emocional del mismo,
- y puramente práctica: ya que nos sirve para agrupar debajo de ella y para que no se desperdiguen, los papeles.
En este otro caso, la función ha seguido a la forma (y a la estética de la piedra) y no obstante, podríamos haberla dado otros usos de acuerdo a su forma, por ejemplo:
- recreativo: si estamos a la orilla de un lago podríamos tirarla tan sólo por el placer de ver crecer las ondas en el lago expandiéndose hacia nosotros,
- de autoprotección: si un animal nos amenazase podríamos tirarle la piedra para tratar de alejarlo de nosotros o defendernos.
Lo interesante de todo esto es que me ha hecho reflexionar sobre si en un entorno o mundo abstracto como es la informática, las aplicaciones de software y más concretamente en cuanto al diseño de interfaces se refiere, estas se diseñan de acuerdo a la función que han de cumplir o viceversa, si de la forma de las interfaces deriva la función.
Y curiosamente creo que en el mundo virtual y en el diseño de interfaces ambas afirmaciones son igualmente ciertas.
Por citar tan sólo algunos ejemplos:
La nueva interfaz Ribbon de Microsoft Office suprime los hasta ahora clásicos menús de opciones de texto sustituyéndolos por un área fija de pantalla que, en función de la opción de menú de primer nivel escogida, presenta una serie de iconos que lanzan las mismas funcionalidades (o algunas preseleccionadas por los diseñadores) a las que hasta ahora accedíamos a través de su nombre en formato texto en el correspondiente menú desplegable. En lugar de tener un menú de edición con las opciones textuales:

Menú de edición de Microsoft Office Word 2003 desplegado
sustituimos la metáfora textual y del lenguaje por una metáfora visual basada en la presentación de iconos en áreas atómicas espaciales que suponen un menor esfuerzo cognitivo para el usuario en cuanto a su uso.

Ribbon de Microsoft Office 2007
Adicionalmente, y enlazando con la reflexión sobre forma-función o función-forma, hasta ahora no existían las tecnologías táctiles que están irrumpiendo con fuerza en nuestra vida cotidiana a través de objetos como toda suerte de dispositivos móviles (teléfonos, portátiles, ordenadores, smartphones, netbooks y pronto ebooks). La emergencia de este tipo de dispositivos y tecnologías enriquecen nuestra capacidad de interacción con el mundo virtual brindándonos un modelo de uso mucho más natural y permitiéndonos por primera vez superar las limitaciones del cursor del ratón que hasta ahora y fundamentalmente ha sido el único medio que hemos tenido para interactuar con el mundo virtual (con permiso de las interfaces multimodales). Un único punto apuntador y un único “dispositivo” manejador -el cursor- para toda una grandísima superficie de x.000 píxeles de alto x x.000 píxeles de ancho.
Qué desperdicio, que modelo de interacción más limitado. Mucho más rico y más natural uno en el que podamos tocar cualquier punto de la pantalla e interactuar con los objetos virtuales o áreas icónicas espaciales correspondientes.
Y de esta evolución de la tecnología sigue (y seguirá a medida que vaya evolucionando la tecnología táctil y el hardware de nuestros portátiles) la adaptación de la forma a la función dado que, adicionalmente, la superficie de pantalla en la que se recogen los iconos ha aumentado de tamaño frente al alto de la línea de texto de cada entrada de cada menú desplegable que define un área focal francamente pequeña para ser pulsada con la yema del dedo y por tanto poco usable. Más usable un área icónica cuadrada (o hexagonal o circular) que define un área focal de interacción más apta para los periféricos de los que disponemos como humanos: los dedos (los 10 de las manos frente a un sólo cursor del ratón lo que abre la posibilidad a la interacción a través de gestos mucho más rica) y sus yemas.
El otro día estaba en el Corte Inglés viendo el nuevo neetbook táctil EeePC de Asus que funcionaba con Windows XP. En este caso el hardware iba por delante del diseño de la interfaz y resultaba ciertamente complicado interactuar mediante los dedos con el sistema a través de una interfaz que había sido concebida y diseñada para ser usada con un dispositivo apuntador mucho más preciso y único, el cursor del ratón.
Es tan sólo un ejemplo de otros muchos que pueden citarse en los que, en cuanto al diseño de interfaces se refiere la forma de la interfaz sigue (y seguirá) a la función.
¿Se da el caso contrario? ¿Sigue la función a la forma en el diseño de una interfaz?
Sí.
Es lo que posibilita que evolucionen las interfaces que utilizamos. Vemos algo en algún sitio, ya sea un objeto en nuestro mundo cotidiano real como una persiana, y creamos los menús desplegables, o visualizamos el funcionamiento de una interfaz en una aplicación de software concreta y lo extrapolamos al de otra.
Es lo que sucede en, nuevamente por citar tan sólo un ejemplo como otro cualquiera, la evolución del diseño de Firefox que impacta directamente además en su funcionalidad y altera su concepto original.
Los complementos de Firefox son la respuesta de miles de diseñadores para adaptar y evolucionar la forma de la interfaz de la aplicación a sus propias necesidades a las funcionalidades que desean. Miles o cientos de miles de diseñadores que utilizan sus propios, particulares y diferentes programas, personalizados a su gusto, los evaluan, reflexionan sobre los mismos, se les ocurren ideas y deciden poner en práctica sus propias soluciones de diseño creativas de la interfaz para dar respuesta a sus problemas cotidianos.
Jeff Raskin concibe que un box o cajetín vacío, funcionalmente ya no es sólo un medio para hacer búsquedas, es un instrumento para lanzar cualquier tipo de interacción, desde un servicio de traducción automática hasta una herramienta para salvar páginas en los marcadores personales como Delicious o un servicio para invocar mapas dinámicamente o para ejecutar determinadas operaciones básicas sobre imágenes (escalar, girar) o….

Comando “Traducir a…” de Ubiquity
La función ha seguido a la forma. Un box vacío, dime lo que quieres, escríbelo y te diré lo que puedes hacer y cómo lo puedes hacer. Presento una interfaz que puede ser orgánica y variar de acuerdo a la función que va a seguir.
Otro caso. La agrupación en pilas de las ventanas iguales de una aplicación abiertas en el dock de Windows, un post pidiendo iniciar la discusión para mejorar el modelo de interacción con las tabs de Firefox y una posible solución funcional creativa que plantea otros problemas de usabilidad pero que abre la puerta a su vez a la incorporación de nuevas funcionalidades al navegador, a otros posibles diseños de la forma de su interfaz, de las tabs o pestañas, y a la misma concepción de la aplicación que, vista la evolución que está tomando su diseño y el de otros navegadores como Chrome o Safari con la incorporación de las pestañas en la parte superior del navegador, que no es sino darle la vuelta al dock de Windows o de Leopard situándolo en la parte superior, teniendo disponible por cada pestaña un escritorio con sus propias ventanas individualizadas con sus propios box de búsqueda y/o lanzamiento a su vez de interacción, está dejando de ser un navegador para convertirse en un sistema operativo (ubicuo, multimodal, multidispositivo) etc, etc.

Tabs de distintas aplicaciones en el sistema operativo Windows Vista. Obsérvese la pila de tabs de la misma aplicación (Firefox) agrupadas

Safari, similitud entre las tabs del navegador y las tabs del dock de los sistemas operativos

Interfaz de Google Chrome. Las tabs aparecen en la parte superior de la aplicación lo que conceptualmente supone replicar el dock de los sistemas operativos en la parte inferior

Prototipo de Taskfox de Firefox y post en el que se explica el mismo. En la captura aparece una búsqueda en el box.

Taskfox de Firefox con la ventana disgregada. Nótese que conceptualmente, este prototipo es lo mismo que el escritorio de un sistema operativo en el que se manejan múltiples ventanas. Además, a la ventana disgregada se le podría añadir asimismo su propio box de búsqueda.

Partiendo del post original de Aza Raskin sobre pestañas en el lado y su concepto de “espacios de trabajo”, dos ideas para mejorar las pestañas de Firefox. Esta propuesta tiene algunos problemas de usabilidad importantes ¿en base a qué se crean automáticamente las agrupaciones de tabs? La tab tiene una doble funcionalidad, de agrupador y de “escritorio separado” con lo cual el modelo de funcionalidad no es homogéneo, ¿cómo recordaríamos en qué grupo se encuentra una tab concreta? Aun así hay algo en esta propuesta que me gusta y sobre lo que merece la pena reflexionar más detalladamente dado que los problemas a los que se hace frente son exactamente los mismos que los que nos encontramos a la hora de diseñar el dock de cualquier sistema operativo. Se puede ver la imagen con mayor detalle en mi cuenta de Flickr. Si el navegador evoluciona en esta dirección ¿Cual es la diferencia conceptual entre el mismo y un sistema operativo? ¿? Ninguna.
En el diseño de interfaces y al igual que sucede en el mundo real y en el diseño de nuestros objetos cotidianos, la forma sigue a la función y viceversa, la función sigue a la forma.