Tentándole (interacción)

francisco tosete | arquitectura de información, interacción y diseño

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October 5, 2006

Redefiniendo el concepto de libro

“…pongamos disponible nuestro libro de recetas en línea y ya no será más exactamente un libro. Se transformará en un producto interactivo y en una base de datos con una interfaz de usuario para la búsqueda y la navegación. Estará disponible en un ordenador de sobremesa y en dispositivos móviles en todo el mundo. Y gracias a la búsqueda por palabras clave de Google, cada receta se convertirá en un objeto discreto localizable (findable). Los usuarios pueden acceder a las recetas individuales sin experimentar todo el conjunto que llamamos libro. De hecho, nuestro libro de recetas se ha mutado en otra cosa, y no estamos seguros de cómo llamarla.”

Peter Morville. Ambient Findability. Sebastopol, (California) : O’Reilly , 2005, p. 48
(traducción muy libre)

Atomos versus bits. Ya hablaba de ello Nicholas Negroponte. La llegada de la Web móvil con tecnologías como Wi-fi, HDSPA (High Speed Downlink Packet Access) [2] y el desarrollo de nuevos estándares como el Ethernet 10GBASET que prometen tecnologías con unos ratios de transmisión de hasta 10 Gbps está posibilitando la conformación de un verdadero espacio informativo ubicuo y universal.

Microsoft ha definido los requisitos mínimos que debe tener un UMPC (Ultra-Mobile PC): Pantallas de 7 pulgadas mínimo con posibilidad de superar esta limitación según los nuevos avances, resolución mínima de 800 x 300 píxeles, incrementable 800 x 600 y 1024 x 600, con un formato de pantalla un poco inferior del estándar 16:9 (por cierto, cercano a la divina proporción 13:8 de la serie de Fibonacci), un peso inferior a los 900 gramos, autonomía de la batería de al menos 2.5 horas y con conexión Wi-fi.

A la luz de la reflexión de Peter Morville, de la llegada de la Web móvil, del desarrollo de la Web 2.0, de la interacción multimodal de dispositivos como el UMPC que está a punto de comercializar Asus (si no está ya en la calle) lo suficientemente ergonómicos y con pantallas lo suficientemente grandes y cómodas para realizar una lectura cómoda, del ecosistema de estándares abiertos que está impulsando el W3C, de la Web Semántica, de los desarrollados en el entorno bibliotecario como MarcXML por citar uno tan sólo, del crecimiento exponencial de la producción exclusivamente en formato digital (ya en 1999, según palabras textuales de Gates, en Microsoft estaban suprimiendo la documentación en papel) y de los proyectos de conversión masiva de bibliotecas en formato digital como los acometidos por Google, Amazon, Yahoo y muchos otros organismos de las administraciones públicas e instituciones privadas:

¿Tiene sentido seguir manteniendo hoy día el limitado concepto de libro que tenemos como una unidad finita, física, cerrada, de práctica o nula interactividad, no participativo ni colaborativo, o deberíamos comenzar a cambiarlo en los manuales y comenzar a pensar en términos de lo que ofrecen las nuevas plataformas y tecnologías?

Normal que estemos desorientados. Pienso que estamos ante un cambio que no se daba por igual en nuestra sociedad desde la aparición de la imprenta con todas las consecuencias que ello conlleva: para nuestra profesión, económicas, culturales y sociales y creo que tenemos que redefinir lo que es un libro, y con ello, todo lo demás asociado.

7 Comentarios »

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  1. Si se me permite el chascarillo, yo creo que el concepto de “libro”, como la Corona, es símbolo de la unidad y permanencia de la cultura. La tecnología se ha de utilizar y aprovechar, pero me parece más “voluble”. No creo que desaparezcan los libros.

    Comment by Paco López — October 6, 2006 @ 8:42 am

  2. Hola Paco, yo tampoco creo que vayan a desaparecer, y muchos menos en un corto período de tiempo, pero sí estoy convencido de que estamos asistiendo a una profunda transformación del objeto libro tal y como lo conocemos. Este nuevo “libro” digital creo que convivirá en paralelo al libro de papel. La “interfaz” del libro ha sido bien trabajada y definida desde la aparición de la imprenta: incorporación del sumario, notas a pie de página, índices alfabéticos, onomásticos, etc. Todos estos instrumentos nos permiten la “navegación” a través del libro. Es el equivalente en papel del hipertexto y una biblioteca, vista desde otro punto de vista no es sino una red hipertextual física, menos eficiente que su equivalente virtual pero una red al fin y al cabo. Por otro lado, a su vez, el libro de entonces heredó las características de los anteriores soportes… pero también las superó. Entre otras y por aquel entonces: menores costes de producción –> mayor difusión, mayor accesibilidad a los conocimientos, mejora de la movilidad o portabilidad del objeto físico libro, mayor posibilidad de replicación, etc. ¿Qué ofrecen las nuevas tecnologías respecto La ventaja de movernos en un entorno digital nos ofrece nuevas y excitantes posibilidades que son ineficientes de replicar en un formato papel. Si este post fuera en realidad un libro digital, por ejemplo, y en este punto concreto del discurso se abriera un hilo para opinar sobre el contenido e intercambiar conocimiento como estamos haciendo, hacer lo mismo mediando un soporte papel es inviable, por el tiempo que conllevaría porque no es eficiente, etc. El medio (la WWW) y las características de la información digital nos permiten explorar nuevas posibilidades respecto de lo que puede ser un libro y redefinirlo y como comentaba arriba, creo que todo esto es perfectamente compatible con la pervivencia del soporte papel. Llevamos más de cinco siglos con él y somos una sociedad papel en gran medida, pero el cambio está aquí. Ha alcanzado a los mass media: periódicos, radio, TV, producción de contenidos para el entretenimiento (Hollywood, etc) y por supuesto, creo que va a repercutir profundamente en la industria del mundo editorial. Y personalmente creo que más que verlo como una amenaza, autores y editores tendrían que verlo como una extraordinaria oportunidad.

    Comment by Francisco — October 6, 2006 @ 10:06 am

  3. Al hilo, una noticia aparecida en la edición digital de El Mundo, el 9 de octubre de 2006:

    Libros basados en ‘blogs’: del éxito a la saturación

    http://www.elmundo.es/navegante/2006/10/09/tecnologia/1160390693.html

    Comment by Francisco — October 9, 2006 @ 1:11 pm

  4. Mensaje reproducido de Lara Rey Vázquez tomado la lista de documentación Iwetel con permiso de la autora:

    Según la RAE la definición de libro en su primera acepción es “Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen”. Y eso es lo que me gusta de ellos. Que los coges, los tocas, los hojeas, los hueles….Por eso creo que el concepto libro no debería cambiar. Bajo mi punto de vista el libro como concepto de unidad finita, fisica, cerrada …no debería ser modificada. A mi me gusta coleccionar libros, me gusta mirar para ellos, me gusta llevármelos de bajo del brazo, me gusta entrar en una libreria y rebuscar entre las estanterias, me gusta tenerlos en mi mesita de noche…..

    Entiendo, por otro lado, que la evolución de las “nuevas tecnologías” nos lleven a usar gadgets donde podrás tener todos los tomos de la “Espasa”, las obras completas de Thomas Mann y yo que se cuantas cosas más……Pero ya no será un libro…..

    Todas estas reflexiones vienen a cuento por un post que me llegó a través IWETEL y que me ha parecido muy interesante ” Redefiniendo el Concepto de libro”

    A favor del “libro digital” diré que lo que más me gusta es su hipertextualidad. Para definir lo que yo entiendo por hipertextualidad recurro a esta definición que bajo mi punto de vista lo explica de una forma muy gráfica: Para exponer en pocas palabras mi concepción de la hipertextualidad recurro con mucha frecuencia a la papiroflexia. Imaginemos una página en blanco sobre la que escribimos hasta llenarla con un texto. Si a continuación comenzamos a plegarla, las palabras van desapareciendo bajo los pliegues… a la vez que emerge una figura de papel, una papirola. Y si ahora abrimos los pliegues, las palabras van apareciendo. El texto está contenido bajo los múltiples dobleces que han construido la pajarita: basta ir abriendo los pliegues para que broten las palabras.
    Si lo que se pliega ya no es el papel sino el texto, obtenemos un hipertexto. El hipertexto es un texto plegado

    Hay una definición que me llamó mucho la atención sobre Internet: “INTERNET ES UN LIBRO DE ARENA que estamos comenzando a escribir con dificultad e inevitable torpeza. “El número de sus páginas es exactamente infinito, ninguna la primera, ninguna la última”. Todo el libro está hecho de granos de arena: ceros y unos distribuidos en surcos incontables de partículas imantadas o microincisiones trazados sobre millones de superficies discoidales que están desperdigadas por todos los lugares del planeta: un libro, por tanto, descuadernado, pero que -maravilla de este libro de arena- el lector encuaderna con su acto de lectura.”

    Por otro lado no comparto la opinión de Jeff Jarvis en su artículo: “Books will disappear. Print is where words go to die “. Éste artículo lo había comentado en su momento eCuaderno en la entrada “Libros de papel y libros digitales”.

    También me llama la atención el intento de aproximar el libro digital, lo más posible al libro de papel. Hay software que permite hojear los libros.

    Más sobre el tema:

    El Libro por vernir (El Pais, 16 de septiembre de 2006)

    El libro en la red Post en el blog de la Sedic

    El libro digital y el futuro de la edicion (año 1998), Lluís Codina

    El libro digital, Antonio Rodríguez de las Heras

    Papel a Web

    Un saludo,

    Lara

    Blog: http://interneteando-lara.blogspot.com/
    Web personal: http://lara.rey.googlepages.com/home

    Comment by Francisco — October 11, 2006 @ 4:26 pm

  5. Mensaje de María Jesús Lamarca reproducido de la lista de Documentación Iwetel con permiso de la autora:

    Mi padre es bibliófilo, tiene una de las mejores bibliotecas especializadas de ajedrez de España y sigue en la brecha aumentando la colección a otras temáticas. Yo no sólo vine al mundo con un libro bajo el brazo, sino que crecí en una biblioteca. Ahora vivo en otra, en una casa de tamaño medio en la que todas las paredes, incluidas las del angosto pasillo de entrada, están alicatadas hasta el techo de libros: poesía, ensayo y narrativa. Estos 6000 volúmenes no sólo me han acompañado en mis infrecuentes traslados domiciliarios, sino que son mi propia biografía y no me concibo a mí misma sin ese voluminoso lastre. Incluso echo de menos algunos libros perdidos de mi infancia: Salgari, Verne, Dickens, Kipling, etc.

    Todos mis discos, LPs y CDs, están en proceso de conversión a MP3. Claro que echaré de menos las fundas y carátulas porque cada una de ellas me trae profundas sensaciones de cuando los escuché por primera vez o me hace evocar con quién los escuché y en qué circunstancias. Sin embargo, tener la colección reunida en un puñado archivos digitales me permite acceder directamente a la canción que busco y escucharla en cualquier tiempo y lugar a través del reproductor MP3 que cabe en mi bolsillo.

    Los soportes cambian, el contenido permanece. La digitalidad permite que las antiguas tecnologías para el almacenamiento y la memoria (libros, casetes, LPs, fotografías, etc.), se conviertan ahora en bits de información, cualquiera que sea la naturaleza del soporte y cualquiera que sea la morfología de dicha información (texto, imagen, audio, vídeo, etc.). Todos esos datos pueden ser tratados, manipulados y procesados de forma increíblemente rápida.

    Por su parte, la hipertextualidad permite no sólo un nuevo modo de organizar la información, sino también un método vertiginoso y efectivo de acceder únicamente a la información que nos interesa sin tener que ir paso a paso hasta ella. La estructura hipertextual es imposible de plasmar en soporte papel, donde los saltos de una información a otra son mecánicamente imposibles.

    Pero hay otras aportaciones fundamentales que trae el hipertexto sobre el texto impreso y sólo me voy a referir a algunas de ellas: la conectividad, la multisecuencialidad, la multimedialidad y la interactividad.

    El hipertexto permite no sólo conectar textos y bloques de texto, sino lo que es más importante, relacionar información. Unas relaciones que se establecen gracias a una enorme y variada tipología de enlaces (estructurales, jerárquicos, semánticos, referenciales, asociativos, etc.) y que permiten tanto la disposición lógica y argumentativa propia de la imprenta, como el pensamiento por “asociación”. Ambas formas de “razonamiento” son propias y constitutivas del pensamiento humano y, por primera vez, ambas se pueden conjugar.

    Por su parte, las tensiones (dialéctica entre imagen y texto) y relaciones (la fusión entre imagen y texto) que han existido entre las formas textuales y las formas icónicas a lo largo de la historia convergen, finalmente, en el hipertexto/hipermedia. Igual que lo hacen todas las morfologías de la información existentes hasta el momento. Por primera vez es posible un libro compuesto no sólo de texto, sino de imágenes, audio, vídeo, otros recursos audiovisuales, e incluso, podemos incluir otros programas y aplicaciones que hagan posible interactuar con el autor, otros lectores, el propio texto, etc.

    Es por eso que algunos autores hablan del libro “procesado”, mientras que otros hablan del libro “participado”. Esto es, del libro como portal o plataforma para otras muchas cosas, del libro como nodo de una red de conocimiento, etc. Hay muchas visiones distintas sobre el futuro del libro o del libro futuro, y no tienen por qué ser contradictorias.

    El hipertexto permite no sólo estructurar la información, sino poder visualizarla gráficamente, navegarla y explorarla. Esto favorece la comprensión de contenidos y, por tanto, la información contenida en un pequeño o gran hipertexto, como puede ser la Web, es una fuente directa de conocimiento en mayor medida que lo era/es la información contenida en una biblioteca física –o en su catálogo-, pues el sistema de ordenación de los fondos por materias permite adosar y adjuntar los materiales físicos impresos por temas ofreciendo una comprensión excesivamente general y demasiado superficial de una materia concreta, pero no permite conectar contenidos ni establecer relaciones jerárquicas, asociativas, referenciales, de amplitud y expansión de esos contenidos, secuenciales, multisecuenciales, etc. En suma, el texto tradicional impreso (esto es, el contenido) como cualquier tipo de soporte analógico (es decir, el continente), no permiten las relaciones que sí se producen en el hipertexto gracias a esa enorme y variada tipología de enlaces que permiten dos de las características esencialidad del hipertexto: la conectividad y la digitalidad. En cierto sentido, se puede afirmar que el hipertexto al permitir navegar no sólo por la información, sino por el propio conocimiento lógico estructurado, también potencia y crea conocimiento o, por lo menos, ayuda a ello.

    Imaginemos un tesauro navegable, flexible y adaptable a nuestros intereses en un determinado momento en el tiempo, y que nos conduce de forma directa e instantánea a los contenidos que precisemos. Así será la interfaz de las futuras bibliotecas digitales, o la interfaz de nuestro propio libro o nuestra propia biblioteca hecha a medida.

    Está aún por llegar la posibilidad de navegar por dominios completos o parciales del conocimiento y tener acceso a los documentos y recursos de una rama completa del saber o de una porción importante de ella, pero la Web Semántica, con sus ontologías y lenguajes estructurados y semánticos, anda en ese camino; mientras que la Web 2.0 con su etiquetado social, sus estándares abiertos y ligeros y sus herramientas funcionales para crear y compartir contenidos, hace hincapié en el conocimiento cooperativo y colaborativo. La Web Semántica y la Web 2.0 son dos formas de entender la Web, la primera centrada en la tecnología y la segunda centrada en la gente. En el campo de la semántica, las formas de categorización de contenidos de la Web 2.0 no tienen mucha potencia, pero todos estos esfuerzos son destacables en el campo del conocimiento cooperativo y las redes sociales, por lo que deberán conjugarse con los desarrollos de la Web Semántica, esta última con verdadera potencia y vocación semántica para la descripción, búsqueda, recuperación y acceso a los contenidos.

    Además, para que la antigua tarea humana e intelectual de la identificación, indización y clasificación de documentos pueda hacerse mediante ordenadores sólo podrá llevarse a la práctica si colaboran de forma interdisciplinar blibliotecarios, documentalistas, lingüistas, informáticos, arquitectos de la información, ingenieros y expertos en inteligencia artificial, etc.

    Todos estos cambios están tambaleando los propios cimientos de la ciencia bibliotecaria y documental ya que afectan a los conceptos esenciales de libro, autor, lector, edición, información, etc.

    Los bibliotecarios y documentalistas debiéramos tener dos cosas claras. La primera, que las nuevas tecnologías digitales son mucho más útiles no sólo para el almacenamiento y archivo, sino para el procesamiento de la información, que las antiguas tecnologías analógicas. Y que nosotros tenemos mucha experiencia que aportar para avanzar en este sentido.

    Y la segunda, y no menos importante, que las nuevas generaciones, nacidas al albur de las pantallas y exentas del fetichismo o sacralización que las antiguas generaciones conferimos al libro impreso, tendrán su propio libro y su propia biblioteca que sin lugar a dudas, será digital e hipertextual y accesible desde cualquier punto y lugar. Porque el libro más leído en la actualidad no es el Quijote ni las obras de Shakespeare, sino el gran hipertexto de la World Wide Web.

    Un saludo y perdonad por la extensión,

    María Jesús Lamarca

    Comment by Francisco — October 11, 2006 @ 4:27 pm

  6. Mensaje reproducido de la lista de documentación Iwetel:

    Entiendo y comparto el amor por los libros. Mi casa está llena de ellos, me gusta pasar las hojas, tengo especial cariño a algunos que los considero como algo mío, no otra edición que me pueda comprar, sino precisamente esa, la que tengo y no otra porque ya no sería mía. Porque con ellos, con esos libros descubri a Verne, a Shakespeare, a Larreta, a Barrico, a Becquer, a la World Wide Web, la Arquitectura de Información y muchas muchas cosas más… Los libros, las hojas, el papel… pero llevamos más de cinco siglos con ellos. La historia del libro se llama historia porque se dedica a estudiar la forma y los soportes que ha adoptado la transmisión de la información desde que la humanidad ha sido tal, se dedica a estudiar la forma que ha adoptado ese objeto, insisto, hoy día, físico, que llamamos libro. Y a lo largo de la historia han existido diversidad de soportes y el libro, ha adoptado diversas formas. La digital, actualmente, es una de ellas.

    ¿Por qué entonces no asumir que el concepto de libro está cambiando?

    La RAE ya asume que el libro, es hoy algo más que un libro impreso en papel:

    La primera acepción del Diccionario de la Academia:

    1. m. Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen.

    La segunda:

    2. m. Obra científica, literaria o de cualquier otra índole con extensión suficiente para formar volumen, que puede aparecer impresa o en otro soporte. Voy a escribir un libro. La editorial presentará el atlas en forma de libro electrónico.

    “…impresa, o en otro soporte”

    La tercera (traída también a colación de la cita del otro día de Peter Morville y su referencia a la disgregación de una obra en otras unidades atómicas más pequeñas y su capacidad de convertirse en “objetos” localizables):

    3. m. Cada una de ciertas partes principales en que suelen dividirse las obras científicas o literarias, y los códigos y leyes de gran extensión.

    “…pongamos disponible nuestro libro de recetas en línea y ya no será más exactamente un libro. Se transformará en un producto interactivo y en una base de datos con una interfaz de usuario para la búsqueda y la navegación. Estará disponible en un ordenador de sobremesa y en dispositivos móviles en todo el mundo. Y gracias a la búsqueda por palabras clave de Google, cada receta se convertirá en un objeto discreto localizable (findable). Los usuarios pueden acceder a las recetas individuales sin experimentar todo el conjunto que llamamos libro. De hecho, nuestro libro de recetas se ha mutado en otra cosa, y no estamos seguros de cómo llamarla.” Peter Morville. Ambient Findability, p. 48.

    Nos encanta hablar de bibliotecas digitales, nos encanta escuchar acerca de la puesta en marcha de proyectos de digitalización masiva de Google, aceptamos y estamos profundamente convencidos de la importancia de los manifiestos de la IFLA y su puesta en práctica más allá de meras declaraciones formales, tales como el de Alejandría: o el de Internet: desarrollamos proyectos de implantación masiva de Internet en nuestras bibliotecas y asumimos que las bibliotecas entre muchísimas otras cosas son (o deben ser) los portales de acceso al conocimiento digital, la información electrónica y por ende, a la World Wide Web.

    Pero cuando oímos hablar de que el libro puede mutar su forma y que gracias a la aparición de un dispositivo tecnológico portable que nos permite el acceso al espacio informativo, ubicuo, universal, desde cualquier lugar, yendo más allá del soporte en papel, soporte que tiene unas limitaciones físicas bien conocidas… cuando hablamos de ello, parece que estamos hablando de algo inconcebible e inaceptable, que el papel es la perfección ideal del objeto libro.

    No estoy diciendo que haya que defenestrar al libro en papel ¡¡no!! ni que vaya a desaparecer ¡¡no!! Creo que tenemos papel para rato. Pero también creo que por muchísimas razones: aumento exponencial de la producción de la información, por razones ecológicas, económicas, educativas, por las oportunidades que ofrece de cara a suprimir las barreras del acceso a la información (con la interacción multimodal un libro hablado ¡¡!!, con un magnificador de pantalla un libro percibido sin problemas para un discapacitado visual ¡¡!!), por su ubicuidad -un libro escrito por un chino en inglés accesible a dos palabras clave en Google ¡¡!!- por su maleabilidad en formato digital, por su caracter social y por muchas más, el libro digital, reclama su justo lugar. Y si hasta hoy no consumimos apenas libros digitales es porque precisamente hasta ahora no han existido en el mercado dispositivos que sean tan ergonómicos como nuestro libro en papel. Y eso es lo que está cambiando con la llegada de los ordenadores portátiles móviles (UMPCS, PDAs, SmartPhones y cualesquiera otros gagdets que aparezcan).

    Y esto constituye una extraordinaria oportunidad para redefinir el concepto de libro a la luz de lo que se puede hacer con las nuevas tecnologías y la portabilidad de los libros digitales de manera tan natural como los libros en papel. Hay tantas cosas nuevas que se pueden hacer cuando no tenemos la limitación de un soporte físico…

    Esto es lo que preconizó en su día el padre de la documentación, Paul Otlet (reproducido del web del Departamento de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad Carlos III de Madrid)

    ” Un documentalista fue uno de los primeros visionarios de Internet…

    …mucho antes siquiera de que se inventaran los ordenadores.

    Si aún lo dudas, el visionario fue el quizá más famoso de los documentalistas, el belga Paul Otlet. En este vídeo se explica como, en 1934, Otlet ya intuía Internet y su uso para acceder a la documentación desde cualquier lugar.

    También puedes consultar este artículo de Paul Otlet (aunque esté en inglés) y su importancia para la Documentación:

    ¿Releemos a Vannevar Bush?

    ¿A Theodor Nelson?

    Un contemporáneo ¿a Berners-Lee?

    El germen de lo que potencialmente puede llegar a ser un libro digital está ahí. Un libro digital no es un documento pdf.

    No estamos reinventando la rueda, simplemente hay que tomar las piezas de las tecnologías que tenemos disponibles hoy día y juntarlas. Estamos asistiendo a un proceso de digitalización, pero creo que todavía no se ha asumido exactamente lo que significa que la información sea digital. Pero estamos comenzando a hacerlo y el cambio nos está viniendo impuesto de facto.

    Estamos vislumbrando un nuevo concepto de libro. Lo estamos vislumbrando. ¿Qué es la Wikipedia? ¿?

    Saludos

    Francisco

    Comment by Administrator — October 11, 2006 @ 4:33 pm

  7. bueno para el libro es un conjunto de hojas y de otro material

    Comment by laudymar hidalgo — April 23, 2007 @ 11:38 pm

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