Visibilidad de los enlaces
Uno de los principios que suele ser más ignorado en la World Wide Web es el relativo a la visibilidad.
Dado que en la Red no podemos echar mano de un diseño basado en la topografía natural de los objetos, que permite inferir el conocimiento necesario del mundo para funcionar (figura 1), en el espacio virtual el usuario interactúa en base a unos principios arbitrariamente establecidos, aprendidos con la experiencia de uso durante su navegación por la Web.

Figura 1. La topografía natural del diseño del lavajillas indica cómo se abre y cuál es el botón de puesta en marcha/apagado (primero de la izquierda). El piloto inmediatamente encima de él da un indicio sobre su función.
Entre otras cosas el principio de la visibilidad implica hacer evidentes los elementos de la interfaz con los que el usuario puede llevar a cabo alguna acción. En relación a los hiperenlaces, uno de los que comúnmente se obvia es el relativo a la escaneabilidad y la identificación de qué es y qué no es un hiperenlace.
La interfaz es espacialmente limitada siendo necesario ejecutar un diseño minimalista suprimiendo cualquier elemento, ya sea de contenido, ya sea funcional, innecesario.
Para salvar dichas limitaciones uno de los elementos del diseño de interfaces con los que contamos son los hiperenlaces que nos permiten presentar de manera progresiva y modular la información. Por ello es esencial que el usuario pueda identificar rápidamente en una página qué es un hiperenlace y qué no lo es.
Dos estándares clásicos de diseño existentes, son el uso del azul - morado para los enlaces sin visitar - visitados, y la utilización del subrayado de las palabras. Otros igualmente empleados derivan de la agrupación espacial de los elementos de navegación separados respecto de los bloques de contenido (figura 2) y el empleo de pequeños iconos o marcas visuales que actúan como atractores de la atención y dan indicio de su función (figura 3).

Figura 2. Agrupación espacial de elementos de navegación e individualización respecto del contenido
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Figura 3. Variaciones sobre la forma básica de la flecha o ángulo mayor qué y uso del símbolo “+”. Metáforas. Evocan la idea de desplazamiento y de más información.
El problema surge cuando las convenciones (ya sea de uso de los colores: estándar azul-morado, color suficientemente contrastado con el fondo y utilizado de forma homogénea para marcar enlaces en el web, empleo de subrayados, etc) se ignoran y se da relevancia al diseño frente a la funcionalidad, como sucede en la web de la recién inaugurada plataforma para la difusión de información bibliográfica española Dilve
¿Dónde debe hacer clic el usuario para seguir navegando en esta interfaz? ¿Qué se percibe visualmente como hiperenlace?

Aunque debería ser el texto lo que actuase como hiperenlace en realidad, son los bloques gráficos inmediatamente inferiores los que hacen la función de tales. Por otro lado, navegando por las secciones, ni se marca visualmente la sección donde se encuentra el usuario, ni se aprovecha el código de color que se impone con dichos bloques gráficos para enfatizar la diferencia de secciones.
Los estándares y las buenas prácticas pueden ser ignoradas pero, aunque en este caso el problema de usabilidad es nimio, la percepción del usuario respecto de la Web queda afectada (y por supuesto la usabilidad). Las buenas prácticas lo son por buenas razones. Obviarlas tiene su coste. Una implementación de este estilo en un web de comercio electrónico o de gestión de correo vía web sería impensable.