El diseño de los objetos cotidianos
Leo en el blog de Xperience un breve post sobre el diseño ergonómico de los aparatos a propósito de una noticia publicada en “El País” en la que según Elke den Ouden, de la Universidad Técnica de Eindoven, tras más de la mitad de las devoluciones de productos se encuentra el mal diseño de los mismos y de su interfaz.
No puedo evitar pensar en mi cadena de música que aun hoy sobrevive aneja a mi ordenador como mero amplificador de sonido toda vez que ya no he vuelto a reparar el reproductor de CDs después de que lo haya hecho dos veces.
Aunque parezca mentira jamás fui capaz de grabar de CD a cinta en mi cadena sin tener que acudir al manual (una sony de 80.000 pts de las de entonces). El proceso era tan complicado y tedioso que no me quedaba más remedio que acudir a la ayuda impresa. ¡¡Menos mal que tenía el manual!! El proceso era algo más o menos así:
Presionar la tecla de “Función” hasta que saliera ?? indicación en el led de la pantalla, seleccionar el CD correspondiente de la bandeja de multicarga , seleccionar la duración de la cinta, seleccionar los ajustes predefinidos del sonido de la grabación, seleccionar grabación automática según la duración de la cinta y poner la opción de vuelta automática o manual, o si no, seleccionar las canciones una a una a grabar. En éste último caso, seleccionar el orden de las canciones con la rueda giratoria y comprobar que no se pasaba el tiempo, meter la cinta, pulsar el botón de “stand by”, pulsar el botón de encedido del CD y por último pulsar el botón de play de la cinta para que automáticamente se coordinase con el CD y comenzase a grabar.
Ejemplo real de interacción de una cadena del año 1998. Me parece que los diseñadores no testaron mucho el producto con usuarios reales, ni siquiera con ellos mismos. Si hubiera podido, hubiera devuelto la cadena. Como no me devolvían el dinero “por mal diseño ergonómico y de la interfaz” ahí sigue todavía, usada como estupendo amplificador, aneja a mi ordenador en el que escucho la música con Winamp. No he vuelto a comprar una Sony desde entonces ni creo que lo vuelva a hacer.
Lo triste del asunto es que la cosa no ha mejorado sustancialmente hoy en día. Para ejemplo, una muestra: El proceso de memorización de frecuencias de radio en la minicadena mp3 que le regalé a mi hermana es de juzgado de guardia. No creo que a un adolescente la tarea le fuese mucho más fácil que a mí. Aparte de no contar con una rueda giratoria que permita pasar rápidamente el dial, el críptico mando a distancia y de la interfaz convierten el proceso de la memorización en todo un oscuro ejercicio de fe cada vez que lo coges. Como esta vez el manual no lo tengo a mano porque no se a donde ha ido a parar pierdo ¿¿?? de mi tiempo cada vez que quiero memorizar un dial. Y eso que todavía no me ha dado por borrar cadenas que puede ser otra gran aventura. Si fuera un ejemplo aislado sería algo anecdótico pero es que en el diseño de la interfaz de mi vídeo a duras penas se distinguen los iconos porque están sobreimpresos en color blanco sobre las imágenes de la pantalla. Si para alguien sin problemas de visión le cuesta distinguir los iconos ¿qué le sucederá a cualquier persona con discapacidad visual?
En el mundo real ¿a quién le pides la devolución del dinero una vez que has comprado el eletrodoméstica en la tienda de la esquina? Ah!! ¿y en la web… ¿funcionan así también las cosas?